No es la primera vez que hable sobre la ausencia de la meritocracia en la universidad pública peruana. Es muy difícil saber a ciencia cierta el grado de favoritismo que existe en la evaluación de candidatos a la carrera docente. Si bien no existe evidencia empírica, tampoco es una novedad afirmar que, en el grueso de universidades públicas, las decisiones de promoción interna o de incorporación de nuevos docentes, dependen sobre todo de los intereses políticos de quienes controlan los órganos de gobierno de la universidad. En este proceso también juegan un papel importante las comisiones de evaluación y los lobbies que hacen los propios candidatos en distintos niveles. Obviamente, en tal escenario la producción científica, la calidad docente, la experiencia profesional, las publicaciones, mejor aún, el esfuerzo y los méritos del candidato, quedan en un segundo plano. Aquí está la principal causa de la crisis de la universidad pública peruana.

¿Cómo se seleccionan a los profesores en las universidades de clase mundial? En las europeas, los departamentos de cada facultad, envían las publicaciones de los aspirantes a la carrera docente a cinco académicos de gran prestigio, a menudo de universidades extranjeras, y les piden que evalúen los méritos de investigación del candidato, indicando expresamente si en su opinión esos méritos son suficientes para obtener la plaza en el departamento convocante. La convocatoria de las nuevas plazas se condiciona a la respuesta afirmativa de los evaluadores (y luego se sigue el proceso habitual). En otras universidades de élite, los aspirantes deben estar previamente acreditados para ejercer la docencia antes de postular a una plaza vacante.

En las top 25 universidades americanas, no hay "concursos" públicos de docentes y las plazas "no salen". Si es una promoción interna, ésta se decide (de manera positiva o negativa) al final de los seis a ocho años de tenure - track (inmovilidad del aspirante que empieza como ayudante de cátedra) con información interna de evaluación vía cartas de catedráticos, informe del comité de personal, votación del departamento, comité de personal de la universidad). Si es una oferta externa, la iniciativa es del departamento académico por una necesidad debidamente motivada.

En suma, las lecciones de las mejores prácticas internacionales de incorporación de docentes a la carrera académica son muy claras: primero, no hay concurso público para cubrir “plazas”, segundo, se da preeminencia a la suficiencia investigadora y la calidad docente de los aspirantes internos como externos y, tercero, los años de antigüedad profesional y de maestría poco importan, lo que realmente les importa a estas universidades son los años de antigüedad como doctor y exigen un mínimo 6 años para acceder a la carrera docente.

Recientemente, el MEF hizo una transferencia de 15, 231,903 soles (equivale a 783 plazas para las tres categorías) a algunas universidades públicas para financiar plazas de docentes ordinarios. Gracias a este “generoso gesto” de los funcionarios de economía y finanzas, las universidades favorecidas se han lanzado a una loca carrera del concurso publico de plazas. Desafortunadamente las resoluciones rectorales de las universidades convocantes no están debidamente motivadas y lo más grave, es que, los reglamentos de evaluación publicados adolecen de los mismos defectos de las viejas prácticas imperantes en la universidad peruana. Veamos por ejemplo los criterios de evaluación de los candidatos. El puntaje máximo asignado a la entrevista personal y la “clase modelo” del aspirante es de 45%, a la formación académica (grados) 23%, a investigación 20%, experiencia profesional 6% y a la experiencia docente un ridículo 6%.

Claramente, estamos ante un criterio muy subjetivo y la suerte del aspirante está en manos de la comisión de evaluación. Por otro lado, es totalmente contrario a las mejores prácticas de otras universidades en el mundo al considerar la investigación y la calidad docente como una cuestión secundaria y, por último, con este mecanismo de incorporación de nuevos docentes, entran en contradicción con la razón de ser de la universidad: impartir buena enseñanza (calidad docente) y crear y transferir nuevos conocimientos (investigación). Huelgan más comentarios.

Con estas reflexiones no pretendo pedir que las universidades peruanas hagan lo mismo que en Harvard, MIT, Oxford o en Salamanca, etc. ni mucho menos. Sería de mi parte una osadía y una quimera al menos por ahora, pero es deseable hacer esfuerzos por acercarnos a las mejores prácticas de las 500 mejores universidades del mundo. No es imposible. Y la clave de esta genuina aspiración está en nuestras manos. Todo lo demás es accesorio.

Finalmente, la universidad peruana se hunde cada vez más por la endogamia y por la ineficiente gestión de sus autoridades. Y, no creo que se pueda parar este proceso, si no se valora el esfuerzo y el mérito de los docentes con incentivos que se merecen y si no se corrigen los criterios de evaluación para la incorporación de los nuevos académicos a la carrera universitaria, porque son éstos quienes gobernarán los destinos de la universidad pública en un futuro cercano.***

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