Este 10-A los peruanos decidimos cómo queremos vivir los próximos cinco años, “con más corrupción o con menos”, “con más democracia o con menos”, “con igualdad de oportunidades para todos, o sólo para unos pocos como es hasta ahora”. Estamos en un momento clave de decidir la dirección de nuestro voto. Nuestra débil democracia ha sido contaminada de desconfianza por la propia sociedad. Desconfianza alimentada en parte por el rol manipulador y mediocre de algunos medios de comunicación. Según Latinobarómetro 2015, sólo el 24% de peruanos están satisfechos con la democracia y apenas un 8% de ciudadanos se sienten representados por el congreso.

 

 

Hay varias razones que explican este bajo nivel de simpatía: la corrupción generalizada, la creciente desigualdad socioeconómica, la inseguridad ciudadana, el bajo nivel educativo, sobresalen entre otras. De hecho, estas elecciones pueden terminar siendo una simple operación legitimadora de grupos económicos que no quieren una democracia real y plena y que todo siga igual.

 

 Los picos más altos de corrupción se dieron en el Perú en la década de los noventa, en el marco de una dictadura feroz, que duró diez años. En ese mismo periodo surgieron nuevos ricos con fortunas incalculables, mientras el 50% de peruanos vivía con ingresos inferiores a dos dólares por día. Lo grave de la situación es que  la corrupción persiste actualmente y se extiende a todos los niveles de la sociedad, habiendo sectores especialmente sensibles a este flagelo: la administración de la justicia, las administraciones públicas, los partidos políticos, las entidades reguladoras, el Congreso, las empresas del Estado, y para qué seguir.

 

En la sociedad actual sólo vale ganar dinero y tener poder a cualquier precio, a golpe de lo que sea, faenones, coimas, narcotráfico, evasión de impuestos, etc. Estamos en un país del juego sucio, de las maniobras, de los testaferros, del enredo, de la confabulación, de la intriga, en el que nadie se fía de nadie, donde la palabra no vale nada, en el que nada se da por bueno, donde existe el utópico de que “todos son iguales”, donde los medios de comunicación manipulan a la gente a su real gana. Este clima hostil de recelo y suspicacia generalizada en lo social y cotidiano, se agrava de sobremanera en lo político y pone en riesgo permanente nuestra democracia “imperfecta”, como califica elinforme deThe Economist Intelligence Unit (2015).

 

Teóricamente en democracia, la corrupción se puede combatir a través de distintos medios y controles existentes. Pero cuando la corrupción avanza peligrosamente, porque no se tiene una acción fulminante y porque los mecanismos democráticos del que se dispone no se emplean, no funcionan o simplemente hacen de la vista gorda quienes deben combatir, puede presentarse una situación límite, es decir, los casos aislados terminan siendo una pandemia que invade y pervierte todo. Como consecuencia, la gente termina decepcionada de la democracia.

 

La alicaída democracia peruana recuperada a  puro pulso, puede morir de frustración, de apatía, de hipermediatización publicitaria, de adicción al poder. Por supuesto, los que creemos en la democracia, no tenemos otra opción que defenderla, enraizándola en los mismos principios y valores que John Rawls (1999) resumió en una expresión feliz: “El ejercicio de la razón pública”. Ejercicio que, según Vidal–Beneyto (2007), tiene en la deliberación y el debate el verdadero baremo de  la vida democrática, del que la práctica del voto es sólo una consecuencia.

 

Quiero creer que hay una inmensa mayoría de peruanos que se niega a aceptar que una sociedad más decente y sin corrupción es inalcanzable. No estoy de acuerdo con quienes dicen, “no importa que robe, pero que haga obras”. No quiero que mis hijos vivan en una sociedad donde prime la cultura del facilismo. Queremos vivir en un país donde el mérito y el esfuerzo tengan recompensa.Por eso, no comulgo con quienes predican que el dinero viene solo. Aspiramos vivir en una sociedad, más humana, más solidaria, abierta al mundo, con democracia plena, donde prevalezcan los valores deAma Swa,  Ama Quella y  Ama Llulla.

****

(*) Ha sido Rector de la Universidad Nacional  Micaela Bastidas de Apurímac.  Es actualmente docente en San Marcos y la  Católica.

(**) Recibo los comentarios con mucho gusto y sí te parece interesante comparte con tus amigos.

Libros

book 2 narvaez

book 1

 

logoiiee

Número de Visitas
260817