Los pronósticos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) sobre la economía peruana  suelen prever más crecimiento del que finalmente  se experimenta. Por ejemplo,  para el 2015 se preveía un crecimiento de 6.5%, y ahora reconocen  que cerraremos  el año  con un reducido 2.7%. En el caso de 2016, el MEF anticipa que nuestro país crecerá 4.3%. Por su parte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su último reporte predice para  Perú  una expansión de 3.4%,  un punto menos que las cifras del MEF.

Los supuestos que maneja el MEF para la recuperación de la economía son los siguientes: inversión pública de 15.3%  en 2016 (2015: 1.5%), incremento significativo de la inversión en infraestructura de envergadura mediante la modalidad de Asociaciones Público Privadas (APP),  nuevo impulso al mecanismo de  Obras por Impuestos (OxI), además de un mayor crecimiento de los principales socios comerciales, en especial, de América Latina y Estados Unidos,  lo que impulsaría la demanda  para las exportaciones no tradicionales. Destacan también, el inicio del proyecto minero “Las Bambas”, ampliación de Cerro Verde,  Toromocho  y  Constancia, así como la recuperación del ritmo de producción de Antamina.

Según el MEF, el aumento del gasto público y la reducción de impuestos,  servirán para darle soporte  a la  expansión económica  del año que viene.  Con estas medidas, el déficit público del 2016  se eleva a 3.0% del PBI (2014: - 0.3%, 2015:2.7%). También hay otros factores que explican el aumento del gasto público de los dos últimos años: una administración pública sobredimensionada e ineficiente (tenemos actualmente 18 ministerios),  la baja presión tributaria  (Perú,  15.7% del PBI, Brasil, 36%), y  la reducción del impuesto a la renta de 30% a 28% en este año, que supuso  menores ingresos al fisco.  Un déficit público elevado, provoca siempre crisis más intensas. Lo sabemos todos.  Desafortunadamente,  las previsiones del MEF nunca se cumplen. Las revisiones a la baja del PBI ha sido una constante en los últimos años.  En mi opinión,  tales proyecciones macroeconómicas no son realistas. Veamos por qué. 

No se han tenido en cuenta factores endógenos tales como: el conflicto socio ambiental  del proyecto Las Bambas que sigue  latente y puede reactivarse en cualquier momento, o la falta de capacidad de gasto y de transparencia en los distintos niveles de gobierno. Tampoco la experiencia con Obras por Impuestos (OxI) es alentador que digamos,  principalmente  debido a la falta de recursos de los gobiernos  regionales y locales  y al poco interés de las empresas.  Las elecciones generales de abril próximo  tendrán necesariamente un impacto negativo en la evolución económica.  Por su parte, el BCR seguirá subiendo  la tasa de interés referencial en línea con la política monetaria de la Reserva Federal Americana (RFA). Los datos que maneja la propia RFA auguran que las tasas lleguen al 1.25% el 2016, frente a la banda actual que se mueve entre el 0.25% y el 0.5%.

Entre los factores  externos cabe señalar: el débil crecimiento de la economía de América Latina  que se estima en el 0.2% ´para el 2016.  China, nuestro principal socio comercial, se desacelera año tras año. Para el 2016 se proyecta una expansión de 6.5% de su PBI (2015: 6.9%).  Estados Unidos tendría un  ligero aumento  de su PBI  a 2.8% (2015:2.4%). La última previsión del FMI habla de una pequeña mejora de la  economía mundial  de 3.6% para el 2016 (2015:3.2%). Otros factores que nos afecta directamente son: es el precio de las materias primas que están en niveles mínimos de los últimos 6 años, las abruptas devaluaciones de monedas de países emergentes, además de la volatilidad y los ajustes en mercados bursátiles no vistos desde  la crisis financiera de 2008.

En conclusión, ni el contexto internacional ni la situación propia de  nuestra economía son favorables para recuperar el dinamismo perdido de los primeros años del siglo XXI.  Por todo lo dicho antes, (caída del precio de nuestros minerales, factores políticos, la debilidad de la economía mundial, etc.) sumando a ello un gobierno de salida e incapacitado  para discernir entre lo importante y lo urgente,  el año 2016 estará plagado de muchos desafíos.  Tres tareas urgentes: 1) reforma de administración  pública para hacerla  más eficiente y transparente,    2) una apuesta decidida por más y mejor  educación y  ciencia, y 3) un pacto nacional contra la corrupción.

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