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Cuanto más concentrada está la riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país, señala el reciente informe  presentado por el  Fondo Monetario Internacional (FMI). Advierte asimismo, de que el aumento de la brecha social en un país supone un freno para el crecimiento económico.  Estas conclusiones están en línea  con las advertencias planteadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el pasado mes de mayo.

El Fondo calcula que si el 20% de la población más rica aumenta un punto porcentual la cuota de ingresos que acumulan, el aumento del Producto Bruto Interno (PBI) de un país es un 0.08% más bajo en los cinco años siguientes. En cambio, cuando el 20% más pobre de un país incrementa sus ingresos en 1%, el crecimiento  del PBI es un 0,38% mayor. Si se pone toda la riqueza del mundo en un sólo pastel, el 1% de la población más rica concentrará la mitad de este pastel. En Estados Unidos, un tercio de ese pastel lo tiene el 1% de norteamericanos. De ahí surgen los movimientos de protesta contra las heridas de la recesión económica  y se identifican con lemas como “Somos 99%”.

Este proceso creciente de concentración de riqueza, según el Fondo Monetario Internacional, se ha dado en paralelo a un incremento de los niveles de pobreza relativa (población que vive con ingresos por debajo del umbral de la pobreza, es decir, con ingresos inferiores a 2 dólares al  día) tanto en países emergentes como en desarrollados.

Hay varios factores que han contribuido al incremento de la brecha entre ricos y pobres. El desempleo, la poca formación de los trabajadores, el menor gasto del Estado, la reducción de los impuestos directos y el aumento de los indirectos,  el progreso tecnológico, ya que ha incrementado las ganancias de los trabajadores más cualificados al tiempo que ha destruido puestos de baja formación y por tanto han perdido demanda. La diferencia de los ingresos también se debe a la poca capacidad de negociación de los sindicatos, como  señala el propio informe. El desastre financiero del 2008 también agravó  la desigualdad en los últimos 10 años. Las políticas de austeridad fiscal, además de acentuar el estancamiento de las economías, han aumentado la vulnerabilidad de los más pobres

Lo que el FMI y la OCDE plantean es que la desigualdad excesiva no solo  es un factor perturbador  para la convivencia o paz social,  sino que es también un problema colocado en el centro del debate de la política económica y social. Afecta a la productividad de un país y, por tanto, a su progreso: “Por ejemplo, habrá menos inversión en educación pública, y los niños pobres tendrán menos oportunidad de ir a la universidad”, así que acumulan menos capital físico y humano. Además, “cuanta más disparidad de ingresos, menos movilidad social hay entre generaciones y menores incentivos para la formación”.

Hay que ver  la desigualdad como un  problema en sí mismo.  Las  personas de una misma ciudad viven vidas cada vez más separadas, en distintos barrios, usan distintos medios de transporte, distintos médicos, distintas playas en verano, dejan de convivir en los espacios públicos, etc.  todo ello se acentuará si  sigue aumentado la brecha entre ricos y pobres.  No es bueno para la democracia. “La democracia no requiere igualdad perfecta, pero si la gente vive en esferas cada vez más separadas, el sentido de ciudadanía y de bien común es más difícil de sostener; apunta Michael Sandel profesor de la Universidad de Harvard.

Si los gobiernos tienen voluntad política de atajar el aumento de la brecha social deberán atender a la evolución de los sueldos, lo que incluye la influencia que puedan tener los cambios en las legislaciones laborales o en las instituciones de trabajo. También las políticas públicas dirigidas a mejorar la formación serán vitales así como las medidas de política fiscal para corregir la desigualdad. 

 

[1] Una magistral presentación sobre desigualdad económica y distribución de la renta, puede verse en Thomas Picketty, El capital en el siglo XXI,  publicado en español el 2014, en el que expone cómo se produce la concentración de la riqueza y su distribución durante los últimos 250 años. Recomienda los impuestos  progresivos y un impuesto mundial sobre la riquezacon el fin de ayudar a resolver el problema actual del aumento de la desigualdad.

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