El estudio más serio del potencial minero metálico peruano que se conoce en el país, es el que acaba de publicar el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet), donde se revela que existen reservas potenciales de cobre que se pueden extraer hasta el año 2050, por 320 millones de toneladas, si bien en un escenario conservador puede llegar a 228 millones.

En el caso del oro, en el mismo periodo hay un potencial extraíble de 244 millones de onzas finas, 2,779 millones de toneladas finas de hierro, 8,604 millones de onzas de plata, 60 millones de toneladas finas de zing, entre otros minerales. Según el mismo estudio, existen 1,500 zonas, muchas de ellas no exploradas ni explotadas, donde habría en su mayor parte concentraciones de cobre y oro por encima de lo normal. La mayor parte de la riqueza minera estarían en Apurímac, Cajamarca y Ancash.

Basado en la continuidad de las operaciones actuales, la puesta en producción de los proyectos mineros en cartera, los proyectos en exploración avanzada, así como lo estimado como potencial minero propiamente dicho, el Estado peruano recibiría como beneficio económico (bajo los supuestos del Ingemmet), aproximadamente US$ 758,000 millones hasta el año 2050, en tanto que en un escenario conservador este sería de US$ 547,000 millones, a precios de los minerales considerados al 31 de octubre del 2017. Con estos miles de millones de dólares, correctamente invertidos podríamos aspirar a formar   parte del club de los países ricos (la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, OCDE) hasta el año 2050.

Por otro lado, al comparar el mapa de riqueza minera del Ingemmet con el mapa de pobreza 2016 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), se observa a regiones como Apurímac, Cajamarca, Pasco con los más altos niveles potencial minero y paradójicamente son las regiones con las más altas tasa de pobreza extrema del país. que teóricamente recibirían montos más altos de canon minero que serviría para impulsar su desarrollo económico.

Mas concretamente, en el ranking por regiones de ingresos acumulados para el Estado al 2050, lidera Apurímac con 99, 000 millones de dólares (3,000 millones de dólares anuales durante los próximos 32 años) y tiene un índice de pobreza de 33% según el INEI al 2016. En el segundo lugar se ubica Cajamarca con ingresos equivalentes a 98, 000 millones de dólares con una tasa de pobreza de 45%. La tercera región en aportación al ingreso económico del Estado seria Ancash con 89,000 millones de dólares y su tasa de pobreza asciende a 22%. Esta es la gran paradoja: regiones ricas llenas de pobres.

El proyecto minero más importante del país, Las Bambas de Apurímac, cuya inversión inicial se estimó en 4,200 millones de dólares, al ritmo de producción proyectada de 400,000 TM de cobre anual, sus reservas probadas se agotarían en 25 años y con planes de ampliación se extendería hasta 35. A 14 años de ejecución de dicho proyecto (desde 2004), no se ha reducido la pobreza y la población vive una permanente turbulencia social agudizado con la declaratoria del estado de emergencia en agosto del año pasado. Entre enero y diciembre de 2017 se registraron en Apurímac 27 conflictos sociales según Defensoría del Pueblo.

No es diferente lo que ocurre en Cajamarca. La mina de oro más grande de Sudamérica, Yanacocha, que inició sus actividades en 1993 (60,000 onzas), tuvo su pico más alto en el 2005 (3,330,000 de onzas de oro) y después de 24 años de actividad, es decir en el 2017, la producción fue prácticamente ínfima (30,000 onzas de oro) debido al agotamiento de las reservas. Según el INEI, la cifra de pobreza sigue intacta entre el 2015 y 2016 que alcanza a 45%.

Estos datos revelan una realidad alarmante de ausencia del Estado con la complicidad de los gobiernos regionales y locales que se han sucedido año tras año. La pobreza no se reducirá por sí sola. Como ya dije alguna vez, hay numerosos ejemplos que demuestran que las buenas políticas de Estado pueden impulsar cambios profundos orientados al desarrollo. Creo que ha llegado la hora de que haya un cambio radical del rumbo de las regiones y del país para hacerlo sostenible y prospera. Es urgente y necesario, y la oportunidad está ahí.

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