Desde 1999, el Banco Central Europeo (BCE) se encarga de la política monetaria de la zona euro (los países que han adoptado el euro como su moneda). Cabe resaltar que el BCE no ejerce el rol de los bancos centrales, sino que trabaja en estrecha colaboración con los mismos. Una de las tareas más importantes del BCE es la vigilancia de la estabilidad de los precios; para lo cual se ha fijado como objetivo mantener la inflación (depreciación de la moneda) por debajo del 2% anual.

La debilidad de la recuperación económica, el desempleo por las nubes, la caída de los precios  (deflación), y el sobre endeudamiento de los diversos agentes económicos (Estados, bancos, empresa y familias) en el conjunto de la Unión Europa, han llevado al BCE a poner en marcha un conjunto de medidas no convencionales para dar más oxígeno a la débil economía europea.

 

En efecto, Mario Draghi, gobernador del BCE, ha presentado  este jueves (10/3/2016) un arsenal de políticas monetarias ultraexpansivas nunca visto en Europa como último intento para afianzar la recuperación económica y espantar la caída de los precios en la zona euro. El paquete tiene tres componentes: 1) reducir la tasa de interés general de referencia de 0.05% a 0.00% y la tasa de  depósitos de bancos privados en el BCE hasta el -0.4% 2) comprar deudas de los estados miembros  y  bonos de empresas privadas (excepto bonos basura), hasta por 80,000 millones de euros mensuales  durante doce meses, y 3) barra libre de caja para el sistema financiero, es decir, los bancos podrán acudir al BCE y pedir dinero prestado al 0% de interés (esta medida expira en marzo del 2021). Dice el proverbio: el dinero fácil, “lleva a la perdición”.

 

Las consecuencias más inmediatas de este paquete de medidas adoptado por el BCE serán: dinero fácil y abundante lo que provocará la devaluación del euro y la caída del Euribor (EuroInterbankOfferedRate), que viene a ser la tasa de referencia de uso interbancario y en los préstamos hipotecarios, lo que se traduce en hipotecas más baratas. Por otro lado, la reducción de las tasas de interés referencial hace más débil al euro, lo que favorece las exportaciones de productos europeos y encarece las importaciones.

 

Para que la política monetaria del BCE funcione, es necesario que las políticas  fiscales ayuden, sin embargo, sobre este último Bruselas (principal sede administrativa de la Unión Europea) no dice nada.  La gran pregunta es: ¿estas medidas  tendrán efectos positivos en la economía real europea, o es necesario un sistema económico distinto para salir de la  recesión?.

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