Las universidades del siglo XXI, juegan un papel cada vez más relevante como transmisores de conocimiento, facilitadores del desarrollo económico y actores principales de la innovación. La transmisión de conocimiento se realiza principalmente a través de la enseñanza, su producción mediante la investigación, y la transferencia en la llamada “tercera misión” de la universidad. Estas misiones forman parte de la razón de ser de las universidades y, con su cumplimiento, se espera que contribuyan al desarrollo de las sociedades y economías basadas en el conocimiento.

Desafortunadamente, la Universidad peruana se ha quedado atrapada en el pasado. El modelo de enseñanza actual está centrado en el que enseña y no en el que aprende, en las horas de clase y no en el trabajo del alumno. Es un modelo que crea pasividad, dependencia, sumisión a la autoridad del docente y una actitud deformada sobre la responsabilidad del alumno para con su propia vida. La Universidad está desconectada del mundo real, basándose aún en el academicismo del siglo XIX. “Ahora el conocimiento no sólo se produce en la Academia, sino en la Wikipedia, en las redes sociales y en las plataformas online”.

Hay numerosas evidencias de que la comunicación unidireccional de profesor a alumno no es efectiva, que el escuchar, tomar apuntes y después “vomitar” la información recibida en el examen no prepara a los jóvenes para la vida real, ni les permite desarrollar su capacidad crítica. La Universidad del siglo XXI es aquella donde la jerarquía profesor-alumno no existe. La evaluación no está en el centro del proceso educativo; el conocimiento no es unidireccional y los contenidos de los cursos se amplían con la suma del conocimiento de todos los universitarios. El objetivo del docente es dar voz a los alumnos y motivarles hacia la búsqueda de nuevos saberes.

Como mencioné entes, la “segunda misión” de la Universidad es producir nuevos conocimientos a través de la investigación científica, la cual actualmente sirve como el foco de evaluación de las universidades, determinando la calidad y cantidad de producción científica, las publicaciones, el talento, etc. En el Ranking SIR 2015, de las 300 Universidades Iberoamericanas con mayor producción científica, el Perú no aparece, excepto la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) situada en el puesto 158.

El Perú es el segundo país con mayor cantidad de universidadesen Sudamérica solo por detrás de Brasil, que tiene una población siete veces mayor. Nuestro país (con 30 millones de habitantes aproximadamente) tiene 140 universidades (51 públicas y 89 privadas), poco menos que Brasil (con más de 200 millones de habitantes), que posee 197. Sin embargo, de todas las universidades peruanas, sólo 7 facultades han sido acreditadas como de buena calidad.

En suma, la Universidad peruana no sólo no imparte enseñanza útil, tampoco hace investigación científica, y la extensión de sus actividades hacia la sociedad es inexistente. En el fondo, todo ello obedece al desprecio por la educación superior de calidad mostrado por los distintos gobiernos que hemos tenido. Mejor dicho, la Universidad no les importa, excepto a aquellos que invierten en las universidades privadas por ser un negocio muy rentable.

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