art mercadoEn las últimas tres décadas,  ha prevalecido la idea de  que los mercados se “autorregulan”, de que las instituciones financieras manejan bien sus riesgos, de que los mercados son profundos y sus riesgos se distribuyen “correctamente”.  Por tanto, el Estado no debe entrometerse a regular a los agentes económicos puesel “mercado” acomoda de manera natural las cosas. Sin embargo, como todos conocemos, el apocalipsis financiero de 2008, se produce en pleno apogeo de esa creencia, que originó  la larga recesión mundial.  La vida económica y social de una sociedad se rige por leyes, que no pueden autorregularse, deben ser emitidas por alguien, por un poder del Estado.

Vivimos en un mundo de cambios vertiginosos y sin darnos cuenta hemos dado el salto de una“economía de mercado” a una “sociedad de mercado”.  Por economía de mercado  se entiende la organización y asignación de la producción y  consumo de bienes y servicios que surge del juego entre la oferta y la demanda.  En cambio, una sociedad de mercado es un lugar donde todo (o casi todo) se puede vender y comprar. Esta expansión creciente de los mercados a todos los ámbitos de la vida es, en parte,  el resultado del final de la Guerra Fría,  cuando la victoria de Estados Unidos se interpretó como una victoria de los mercados sin restricciones y con ello impulsaron la idea de que dichos mercados son los instrumentos primarioscuasi perfectospara generar bienestar y prosperidad para todos.

Michael Sandel (2013), profesor de  filosofía Política de la Universidad  de Harvard, en su último libro: “What Money Can't Buy: The Moral Limits of Markets”(“Lo que el dinero no puede comprar: Los límites morales de los mercados”),  plantea una de las mayores cuestiones éticas de nuestro tiempo: ¿hay algo malo en que todo esté a la venta? Si es así, ¿cómo podemos impedir que los valores del mercado alcancen esferas de la sociedad donde no deben estar? ¿Cuáles son los límites morales del mercado?. Hemos pasado de tener una economía de mercado a ser una sociedad de mercado donde todo se vende. ¿Es eso lo que queremos realmente?. Cuál es el papel adecuado de los mercados en una sociedad democrática y cómo podemos proteger los bienes morales y cívicos que los mercados ignoran y que el dinero no puede comprar, se pregunta el profesor Sendel.

¿Por qué preocuparse de este vertiginoso cambio?. Porque,  los valores del mercado están desplazando las prácticas cívicas. Cuando los colegios y las universidades están cubiertos con publicidad comercial, donde se enseñan a los alumnos a ser consumidores en lugar de ciudadanos. Entonces, “el gran debate ausente en la política contemporánea”, advierte Sandel, “es fijar la función y el alcance de los mercados”. Deberíamos preguntarnos dónde sirven los mercados al bien público y dónde no encajan, argumenta.

Es evidente, si la brecha entre las clases sociales se   torna  cada vez más grande, como revela el último informe de la ONG OxfamIntermón  presentado en el Foro de Davos (Suiza, febrero 2014), aunque nadie en el mundo pase hambre, las personas empiezan a vivir vidas cada vez más separadas, en distintos barrios, distintos medios de transporte, distintos médicos, distintos colegios, dejan de convivir en los espacios públicos. Todo ello no es bueno para la democracia. La democracia no requiere la igualdad perfecta, pero si exige que los ciudadanos compartan una vida en común”, si la gente vive en esferas cada vez más separadas, el sentido de ciudadanía y de bien común será más difícil de sostener. El húngaro  Karl Polanyi (1989)  en  su libroLa gran transformación, ya advertía  su profunda convicción en la insostenibilidad de la sociedad del mercado porque la considera como fatal y destructiva para el ser humano y el medio natural en que habita.

El mundo está cambiando aceleradamente y es como es, y debemos adaptarnos a él. ¿Y cómo es el mundo?  Por lo visto antes, no muy favorable a la idea  de equidad y justicia en una época  de mercantilización de todo, donde  la riqueza no sirve solo para tener más bienes materiales,  sino también para comprar: influencia política, seguridad, poder e incluso donar dinero a una determinada  orden de monjas para que recen por el donante.  En suma,  el debate profundo  debe darse en torno a qué  áreas pertenecen a los mercados y en qué áreas no deberían entrar porque perjudican la vida democrática y genera mayor inequidad.  Los tiempos cambian y evolucionan y hay que dar respuestas y soluciones  a los nuevos tiempos.

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