La última versión de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE 2018) acaba de clausurarse después de un vibrante discurso del Presidente Vizcarra. Asistieron aproximadamente 1000 personas entre empresarios, ministros de Estado, políticos, periodistas y anfitriones. La cita tuvo  tres grandes temas: integridad y corrupción, sostenibilidad y  competitividad. Como no podía ser de otro modo, el plato fuerte fue la corrupción. Veamos a modo de resumen cómo fueron abordados dichos temas.

1. Si bien los conferencistas invitados hicieron un repaso de experiencias foráneas de lucha contra la corrupción, faltaron propuestas   concretas para atajar el avance de este  flagelo  en el Perú. Por su parte, Roque Benavides, titular de la Confiep, uno de los expositores  sobre integridad, centró su discurso en la supuesta persecución a que están sometidos  los empresarios peruanos por parte de la fiscalía y el poder judicial.  Hizo una cerrada defensa  de Ricardo Briceño, ex presidente de la Confiep, actualmente preso acusado por  corrupción. Dijo también  que el poder judicial estaba influenciado por ONGs caviares. Para  la opinión pública,  lo dicho por el jefe de la Confiep, ha sido un desliz lamentable.

No dudo que  la mayoría de grandes empresarios  socios de la Confiep son honestos, responsables y  éticos, pero también es verdad,  que un sector  importante del empresariado peruano  esta manchado  por  la  corrupción (el caso de Graña y Montero es un ejemplo emblemático).  Por ello, era importante que el Presidente del gremio empresarial en nombre  de sus representados partiese de una autocrítica sincera por lo que viene ocurriendo. Tampoco dijo como atacar la corrupción al interior de su gremio. Lamentablemente fueron omitidos ambos temas.

En palabras de Carlos Mariotti, creador de CADE, “es una tribuna libre, abierta a toda opinión constructiva, a toda propuesta que tiende a la solución de los problemas”. Para ser coherentes con esta prédica ¿no habría sido bueno invitar a otros personajes como al Procurador Vela, al Fiscal Domingo Pérez y a Gustavo Gorriti al debate sobre la corrupción? Y ¿por qué no?, si son quienes más conocen  este problema en el país.

“Empresarios por la Integridad”  lanzado en la CADE  por Oscar Espinoza del grupo Ferreyros   es una buena iniciativa  para combatir la corrupción corporativa. El Certificado “cero sobornos” tiene buena intención, pero no es suficiente, si los propios empresarios no predican con el buen ejemplo o el  “top manager” no se involucra en la lucha contra la corrupción.  Y finalmente, si los empresarios no tienen una visión de país abierto al mundo, no será posible formar parte de ese club de países ricos como  la OCDE, al menos en 20 años.

2. Desarrollo sostenible. En este apartado se abordaron varios temas, pero lo más resaltante fue la presentación  de Daniel Alfaro, ministro de Educación sobre la brecha del capital humano.  Reveló que sólo 4 de cada 10 jóvenes que terminan secundaria llegan a estudiar en un centro superior o universidad.  Dijo también que el 43% de niños de 3 a 36 meses  tienen anemia, pero no dijo cómo reducir esa escandalosa cifra. Tampoco se atrevió a decir  ¿cómo mejor la calidad de  la educación en sus distintos niveles? o ¿cómo combatir la anemia de los niños?. Sería muy bueno que los tecnócratas del Ministerio de Educación leyesen el último informe del Banco Mundial  sobre capital humano y los pilares del Índice de Capital Humano.

3. Uno de los invitados para hablar sobre competitividad fue Álvaro Uribe, ex presidente de Colombia y senador  liberal que tiene en su país  más de 186 procesos judiciales  abiertos de diversa índole. Aportó muy poco.  Por su parte Fernando Zavala ex mano derecha de PPK  presentó  su Consejo Privado de Competitividad. Otra versión sobre este mismo tema fue anunciado por el propio Presidente Vizcarra. En este caso se trata del Plan de Competitividad  (aun no oficial) preparado por los técnicos del MEF. Habría que refundir ambas propuesta en una sola. Digo yo.

La corrupción es uno de los principales enemigos de la competitividad y lo saben muy bien los empresarios. En el ranking mundial de competitividad 2018 el Perú ocupa el puesto 63 de 140 países. Desde el 2012 nuestro país  viene perdiendo  posiciones y una de las  causas es la corrupción.  En el pilar 1: Instituciones, cuyos componentes son seguridad, transparencia gobiernos corporativo, etc.  el Perú está ubicado igual que Tanzania, uno de los países más pobres de África. El FMI en su Informe del 25 de julio de 2018,  señaló claramente, que la corrupción es el principal problema para hacer negocios en el Perú.  Entre tanto, el costo de este flagelo, asciende aproximadamente a US$ 6,780 millones anuales  (3% del PBI anual) según los cálculos de la Cámara de Comercio de Lima.

Sin embargo,  la  nota disonante la dio el presidente del Banco Central de Reserva (BCR), Julio Velarde, conferencista invitado de la CADE. Dijo, entre otros desatinos, que Lava Jato mejor dicho, la corrupción, no hacía daño a la economía del país, y todo marchaba cojonudamente. También se atrevió  decir (días atrás)  que el Presidente Vizcarra no está preparado para gobernar. Estas opiniones revelan  dos cosas principalmente: por un lado, vive al margen del mundo real y y por otro, su falta de  interés por ayudar a resolver los problemas del país. Julio Velarde es un burócrata dorado que está ligado  al banco central desde 1990 como director y luego como presidente desde 2006, a quien debemos preguntarle ¿cuánto le cuesta al país sus intervenciones discrecionales en el mercado  cambiario o de divisas,  es decir, cuando compra y vende dólares echando mano a las reservas? y ¿a quién le beneficia?.

En resumen, CADE no puede seguir siendo cada fin de año la tribuna de discursos y promesas vacías como: “Perú al 2050”, certificado de “cero sobornos”, “consejo privado competitividad”, etc. En mi opinión, esta última versión, antes que nada debió haber sido el espacio perfecto para la autocrítica y el compromiso sincero de lucha contra la corrupción, por tres sencillas razones: primero, porque la corrupción es el principal problema para hacer negocios en el país, segundo, porque hay un sector de empresarios peruanos  manchados por este flagelo y tercero, porque la corrupción debilita  la actividad económica, resta competitividad, espanta la inversión externa e interna privada, produce una élite mafiosa con dinero negro y amenaza peligrosamente nuestra débil democracia. Por último, permítanme recordarles a nuestros empresarios que “no está reñido ser millonario y ser éticos a la vez”.

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