La rentabilidad financiera o del accionista (ROE, return on equity) promedio de la banca peruana, alcanzó en los últimos 6 años (2012-2017) el 21.5%, según cifras de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). Y en lo que va del año, es decir, de enero a setiembre, dicho ROE llegó a 18.5%. La utilidad neta acumulada en este mismo periodo llegó a 6,111 millones de soles, un 12.1% más que en 2017. Los tres bancos con las mejores ROEs son: Mibanco con 28.3% (Subsidiaria del BCP), Interbank con 21.8% y el BCP con 21.3%. De acuerdo con la misma fuente, el 86.6% de las utilidades del sistema bancario fue generado por los cuatro bancos más grandes (BCP, BBVA, Scotiabank e Interbank). Si comparamos estas cifras con los resultados de la banca europea la diferencia es abismal. Según los datos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), la ROE promedio de las entidades del viejo continente alcanzó 6.8% entre 2009 y mayo de 2018.

Las razones de los excelentes resultados de la banca peruana son diversas. Por un lado, está el alto grado de concentración del sistema bancario. Según el último Informe 2018 del FMI sobre estabilidad del sistema financiero peruano, los cuatro bancos más grandes controlan el 85.41% de la cuota de mercado. En realidad, el sistema está monopolizado por el Banco de Crédito del Perú (BCP) con un 38.23% de cuota de mercado. Si se suma a ello Mibanco (subsidiaria del BCP) con cuota de participación en el segmento microfinanciero de 26.07%, el control del BCP es indiscutible.

Una segunda razón, viene a ser el elevado spread o margen de intermediación que manejan los bancos. Me refiero, a la diferencia entre la tasa de interés activa y la tasa de interés pasiva. El Perú está entre los 5 países con el mayor spread o margen de intermediación a nivel de América Latina y el Caribe (Véase Informe CEPAL 2017). Otros factores que también influyen en el spread son: la liquidez disponible, la inflación, el nivel de actividad y el grado de apalancamiento (endeudamiento) de los bancos. Con respecto a este último, hay que señalar, que los bancos son las empresas más endeudadas del mundo. Así como lo oye. Un banco financia sus operaciones principalmente con dinero que no es suyo, mejor dicho, con dinero prestado. Esto a su vez genera los llamados escudos fiscales con el cual los bancos pagan menos impuestos a la renta al Estado.

¿En qué consiste el negocio de los bancos?

El negocio de un banco es muy simple. Cobran, por prestar dinero, más de lo que pagan cuando son ellos, los bancos, quienes piden prestado. Si vuelve a leer esta frase se dará cuenta de que el negocio es redondo y perverso. Si usted pide prestado, ha de pagar dos al banco (tasa de interés activa), pero cuando usted le preste al banco, este le pagará uno (tasa de interés pasiva). Es así de sencillo y a este diferencial se le llama “margen de intermediación”, spread bancario o margen financiero.

¿Por qué los ahorristas tenemos que recibir menos intereses que los bancos? O mejor aún, ¿por qué el dueño del dinero ha de recibir menos que el banco que se ocupa sólo de pasar de una mano a otra? La respuesta que le dará el funcionario del banco es que ese es el margen por hacer ese trabajo, por ganarse la confianza de los ahorradores, por guardar tu dinero, por evaluar bien a que cliente prestar. También le dirán, somos quienes canalizamos el ahorro de unos y lo convertimos en inversión de otros. Y por ello cobramos lo que cobramos.  Sin duda buena respuesta. No cabe duda que la intermediación de dinero entre un agente con superávit y otro agente con déficit, es una función importante.

Pregunto: ¿Acaso los bancos no cumplen una función social, al canalizar el ahorro hacia la inversión? ¿No sería lógico y justo que la tasa de interés que pagan a los ahorradores (tasa pasiva) fuera la misma a quienes piden prestado (tasa activa)?.

Como bien se sabe, el Banco Central de Reserva (BCR) fija la tasa de interés “referencial” o interbancaria que actualmente está en 2.75%. Esta tasa varía de acuerdo a con los vaivenes de la economía o ciclos económicos. Un movimiento de dicha tasa afecta a los préstamos de muy corto plazo que se dan entre bancos. Es decir, una disminución de ella hará que el banco A le preste dinero al banco B a una menor tasa y viceversa. En cambio, la tasa de interés que cobran los bancos (tasa activa) por los préstamos otorgados a un tercero (persona natural o jurídica) y la tasa de interés con la que remuneran al ahorrista (tasa pasiva), son fijadas libremente por el propio banco (libre mercado puro y duro). Entonces ¿para qué sirve la tasa referencial? Sólo para operaciones entre bancos.

Veamos un ejemplo. La tasa activa (llamada TEA) de Mibanco por un préstamo para consumo personal fluctúa entre 34.96%% y 90.12% anual y la tasa moratoria por pago atrasado llega hasta 194.16%. En cambio la tasa pasiva por un depósito a plazo fijo a 360 días de una persona natural hasta 25,000 soles, es apenas un 2.90% anual (véase la página web del banco). Claramente, la brecha entre ambas tasas es brutal y muy distante de la famosa tasa referencial que maneja el BCR. ¿Cómo podríamos llamar a esta anomalía financiera?: usura. Ya decía el filósofo griego Aristóteles, “de todas las formas de comercio, la usura era la más depravada y la más odiosa”. De manera que el grueso de las ganancias bancarias tiene su origen en las tasas usureras que manejan los bancos a su libre albedrío. La SBS, bien gracias. Es por ello que hace falta una ley contra la usura y una institución independiente que defienda a los ciudadanos de a pie de los abusos del sector financiero. La democracia es también redistribución de la riqueza. Cuando ésta se concentra en pocas manos, la democracia entra en entredicho.

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